Pretender, normalmente como autoengaño, derivar la moral de la experiencia es uno de los grandes errores de nuestros falsamente empíricos días.
La experiencia únicamente es un medio más para que la razón, tomando como base el más hondo querer, fundamente el actuar. Pero la moral habita en ese querer, en la voluntad última, en la más profunda intuición o repulsa.
La ciencia tal vez, y siempre que el ser humano no trascienda la experiencia, podría decirnos qué desea cada cual en cada momento: podría determinar la moral instantánea de cada individuo. Pero nada podrá decir sobre la moral. Ésta nunca dejará de ser una apuesta... necesariamente personal, aunque no por ello se pueda negar que exista una moral universal.
Hume ya separó el ser del deber ser. Separó la experiencia de la moral. Seguramente no fuera empirista.
lunes, 6 de octubre de 2008
La moral no se experimenta: se intuye
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Etiquetas: empirismo, experiencia, moral, razón, voluntad
jueves, 8 de mayo de 2008
Razón crítica, única fuente de superioridad moral
En un mundo donde se busca que la moral religiosa quede relegada a un segundo plano como resultado de su supuesta inferioridad ética, se hace imprescindible una exposición sobre la verdadera fuente de la superioridad moral desde un punto de vista racional: la búsqueda crítica de la verdad (al menos, de mi verdad).
El hecho de que la base de nuestra moral sea atea, religiosa o agnóstica, es irrelevante racionalmente en el debate ético, al menos mientras el hecho religioso trascienda a la razón. Pretender hacer creer que la base, en su ámbito espiritual y exclusivamente por su ámbito espiritual, pueda ser más o menos racional no puede así ser más que una falacia.
Cualquier búsqueda de eliminar del debate político los argumentos en función de su base no puede tener una fundamentación última racional, sino meramente volitiva. Obviamente sería un atentado contra la libertad de expresión, aunque también obviamente, quedaría por discutir qué límites puede tener ésta.
Pero entonces: ¿cualquier base ética es igualmente racional independientemente de lo que busque o de sus resultados?
La respuesta solo puede ser una: sí, siempre y cuando la base que uno adopta sea conforme a la voluntad propia. La crítica racional de la moral subjetiva no puede ser más que la comprobación de dicha conformidad entre base ética y voluntad.
Cualquier disconformidad entre voluntad y base evidencia o bien una renuncia moral o bien un error argumentativo (o ambas).
En el primer caso, en el caso de la renuncia moral, la inferioridad moral es manifiesta, ya que el propio hecho de renunciar a la propia moral refleja la consideración de la moral propia como inferior. El valor de la opinión de alguien que desecha su propia moral en un debate racional queda anulado, dado que no puede dar razón última de su adhesión a su base moral. Su voluntad de adhesión queda reducida a la voluntad de terceros y por lo tanto es a ellos a los que toca participar del debate.
Hay que destacar que este tipo de adhesiones no es exclusivo de las religiones sino que afecta a todo cuerpo ideológico.
En el segundo caso, mientras se mantenga una actitud crítica y de desconfianza ante las bases adoptadas, la superioridad nunca será moral, sino puramente racional. La superioridad quedará reducida al ámbito argumentativo, pero eso no es óbice para valorar negativamente la participación del equivocado en el debate público. Salvo que seamos capaces de encontrar la razón perfecta y seamos capaces de realizar la afirmación soberbia de que nuestra razón es infalible.
Creo que es claro que sólo la falta de crítica, la renuncia a nuestra propia voluntad y la adecuación acrítica a un credo ajeno a nuestro sentir inhabilita para el debate político - legislativo. Por el contrario, toda posición crítica tiene, desde el punto de vista meramente argumentativo, el mismo nivel moral. Cuestión aparte es que en el enfrentamiento entre morales sea en ocasiones conveniente limitar la capacidad de intervenir en el debate de una moral frente a otras. Eso sí, siempre teniendo en cuenta de que ya no hablaríamos de neutralidad sino de segragación.
Eso sí, no toda segregación ideológica es negativa. O sí.
lunes, 24 de marzo de 2008
Posibilidad de debate moral
El debate moral suele estar destinado al fracaso. El debate sólo tiene sentido si hay posibilidad de existencia de error lógico de alguno de los contendientes.
Sin embargo, en la mayor parte de los casos la diferencia entre las posturas no viene (o no sólo viene) de un error lógico (que también) sino de una diferencia volitiva: las personas no coinciden en sus deseos finales. Y estos no parten de la razón...
Instintivamente, sin embargo, en el debate, los contendientes tienden a suponer que sus sentimientos, su base última, tiende a ser universal... el rival es víctima de un espejismo.
Realmente, sólo si esto fuera así, tendría sentido un debate final sobre la moral...
De nuevo, sólo la existencia de una voluntad común a todo ser humano podría permitir hablar de un debate moral real, y no de una lucha de esgrima sin espadas.
Pero tal vez el debate moral deba quedar reducido exclusivamente a negar su posibilidad.
De primeras, es la solución más elegante... igual de elegante que buscar imponer la propia moral.
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miércoles, 19 de diciembre de 2007
Posibilidad del bien objetivo
Sólo la existencia de fines universales y enternos para todo ser racional puede dar lugar a bienes objetivos.
A partir de semejante afirmación, la pregunta es inmediata: ¿de qué manera puede darse un fin como necesario para cualquier ser racional independientemente de cualquier otra consideración?
Desde la razón, sólo una respuesta cabe a esta pregunta:
Los fines universales sólo tienen sentido si existe un orden previo del que participa todo ser racional y que proporciona un fin común a toda razón. Fin necesariamente superior a cualquier otro fin. Un paraíso al que tender irremediablemente, de adquirir la experiencia y autoconocimiento suficiente para valorarlo en su justa medida.
Sólo la existencia de una esencia, una naturaleza de la que participe todo ser racional puede llevarnos a afirmar la existencia de fines universales.
Pero, ¿de dónde podría provenir, de existir, esa esencia? ¿De dónde nacería tal orden?
Aparentemente sólo dos respuestas caben, aceptando como hipótesis la existencia de un fin universal:
1.- El orden es lo primero que existe.
2.- El orden fue creado por un ser que queda más allá de toda razón.
pero pronto nos damos cuenta de que sólo una es válida:
Racionalmente el segundo punto se hunde en sí mismo, ya que de existir un ser que no quede afectado por el orden, deja de tener sentido racionalmente la existencia de un fin universal. Podría tener sentido la existencia de un fin común para todas sus creaciones (por ejemplo un paraíso por él mismo inventado para cada ser humano), pero ese fin, ante la razón, nunca podría ser más que una posibilidad más ante la observación de la propia existencia del creador. La razón nunca aceptará quedar atado a leyes que no todos tienen por qué cumplir... no podrá aguantar no comer la manzana que el creador no tiene prohibida comer. La sumisión sí podría atarse a dichas leyes... pero la sumisión es completamente independiente de la razón.
Así, de existir un creador, sólo si éste está atado a un orden previo del que participe junto con todas sus creaciones, podrá hablarse de la posible existencia de un fin universal.
Todo queda resumido, por lo tanto, en el punto primero:
Sólo tiene sentido hablar de bien universal, si existe un orden previo que proporciona a cada ser racional de la naturaleza un fin común.
En cualquier otro caso, con o sin creador, con o sin una naturaleza evolutiva común en los seres racionales, los bienes, junto con los fines, serán siempre exclusivamente subjetivos. Esto sería así incluso en el caso paradójico de que coincidan los fines de todos los seres.
Sólo queda destacar que el hecho de que los fines sean subjetivos no quiere decir que no sean defendibles... pero esa sería otra batalla.
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Etiquetas: bien, creación, esencia, existencia, fines, objetividad, razón
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Sobre la universalidad de los fines
Detrás de fines subjetivos, sólo ética subjetiva puede hallarse. La razón, por sí sola, no puede más que certificar dicha realidad.
Pero tampoco nada en la razón puede concluir que la subjetividad sea dueña de todos y cada uno de nuestros deseos. ¿Algo impide que nuestra naturaleza, nuestro origen, nos otorgue a todos los participantes de este extraño mundo una finalidad común?
La existencia del bien objetivo, más allá de la razón, se convierte de nuevo en apuesta. Apuesta que, a lo mejor, es menos relevante de lo que nuestro instinto desea.
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miércoles, 31 de octubre de 2007
Buscando un fin sobre las olas
... y el mar bordeaba mi silueta menuda. 7 años eran entonces suficientes para adentrarse en un mar dispuesto al juego, rebosante de una espuma de apuestas constantes que reservaba el arrepentimiento a la resaca de los cobardes.
Y ante cada ola, inconsciente, sólo felicidad hallaba en las dos opciones que se presentaban: flotar sobre la cresta soñándome ingrávido, o sumergirme bajo el golpe de agua dejando mi cuerpo tambalearse al compás de la marea...
... pero sólo podía elegir una. Y la angustia pesaba tras cada decisión preguntándome: ¿realmente era esa la mejor opción? ¿Cómo saberlo? ¿Podía realmente buscar esa respuesta dentro de mí? ¿O sería mejor dejar que mi voluntad fluyera como el agua bajo mis pies?
Lo único que mi razón conseguía aclararme es que nadie podría ayudarme... alrededor ni siquiera parecían vivir mis mismas sensaciones...
El mar fue creciendo con los años, y con él las oportunidades, los riesgos y las posibilidades de elección. Mientras, su brisa adornaba las olas con un recuerdo de felicidad y angustia... ¿existirá algún fin que se pueda posar triunfante sobre ellas? ¿Podría mi razón conocer algún deseo al que mi voluntad se entregara por encima de cualquier sueño? Y si realmente pudiera... ¿no debería ello ser común a toda razón?
Tal vez a la razón le toca agachar la cabeza y retirarse fracasada. Pero el mar no cesa su travesía, y sigue tocando decidir. Sólo se vive si se apuesta. El arrepentimiento queda reservado para el que renuncia a jugar. Para todos los demás arrepentirse es no enteder el juego.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Ética, libertad y razón
Independientes. Razón y libertad humanas no pueden más que ser independientes. No hay nada en la razón necesario para ser libre. No hay nada en la libertad que aporte un gramo más de razón.
Yerra quien afirma que sin razón no hay libertad. Sin razón no hay consciencia, ni orientación a fines. Sin razón no hay acción responsable. Pero nada podemos afirmar de la libertad de las acciones no responsables.
La ética, como base de actuación responsable, como conjunto de normas autootorgadas, sólo puede exisitir si existe la razón. Razón como herramienta moral, como capacidad de conocer y deducir a partir de nuestra voluntad moral cuales son nuestros principios en la actuación.
Libertad y razón quedan así como base de cualquier posibilidad de ética. La ética o se conoce o no es... la ética o es libre o no vale.
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lunes, 10 de septiembre de 2007
Aversión a lo irracional
Pocos actos más repulsivos que la negación de lo evidente. Pocos actos más humanos que creer evidenciar lo discutible.
Sin evidencias la existencia se nubla.
Pero... ¿puede haber evidencia más allá de la existencia de nuestros propios sentimientos y sensaciones (junto con la sensación de nuestra propia existencia) y de las certezas lógicas (que nunca empíricas) proporcionadas por nuestra razón?
La razón no permite alcanzar mayores cotas sin apoyos... apoyos necesariamente irracionales (que quedan fuera de la razón), sobre los cuales montar un desarrollo racional.
Lo irracional como opuesto a la razón, queda repudiado como negación de la evidencia lógica...
Lo irracional como fuera o más allá de la razón, se convierte, por contra, en el único asidero para que la razón ejerza su función de enlace lógico. Lo irracional es la única esperanza de vida racional.
Lástima que ambos conceptos queden determinados por el mismo término... pues la razón enferma o perezosa no será capaz de discriminar, despreciando junto con lo despreciable su único punto de apoyo no contrario a la razón. Y morirá ahogada en su propio engaño...
O tal vez me engañe yo... ¿podría lo contrario a la razón ser buscado y no repudiado? Quizá... pero me resulta tan repugnante...
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jueves, 6 de septiembre de 2007
Razón: al servicio del deseo
Vacío es el razonamiento mientras no se llenen las premisas. Pura forma, enorme nada queda en el actuar (ojalá libre) si sólo tenemos la razón... nada sólo evitable por el relleno de nuestros deseos.
Sólo los fines que deseamos son conocidos de manera inmediata en el ámbito de la decisión... solo la voluntad puede formar parte de la premisa original para la razón. Todo lo demás no son más que irracionales apuestas (sensaciones, recuerdos, sueños) que colocan nuestros fines en el mundo apostado, quedando la razón como el autómata que decide la jugada para conseguir lo buscado.
Nada puede decir la razón de los fines; su ámbito queda relegado a los medios. Medios que pueden confundirse con fines... fines de los que no se puede garantizar su coherencia. ¿Deberemos apostar por ella?
lunes, 3 de septiembre de 2007
La inútil libertad de la razón
Sólo simplificar puede ser presentar al hombre únicamente como razón, como discurrir, como capaz de ver lo mediato. ¿Qué quedaría de él más que nada si sólo fuese razón?
Ni siquiera la libertad (indemostrable) de la razón podría darle al hombre su dignidad. Pues bien mirado... ¿qué puede aportar dicha libertad más que aleatoriedad? ¿Acaso el libre albedrío en el correcto o erróneo deducir, en el "darse o no cuenta de" puede aportar más que azar al ser humano como tal? Y el azar... ¿de qué manera puede añadir desde el punto de vista ético nada al sujeto que lo sufre?
Nada más que azar aporta la libertad a la razón. Nada más que nada. Puede que resulte divertido... pero será sólo cuestión de gustos. Gustos éticamente inútiles.
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viernes, 31 de agosto de 2007
Voluntariosos voluntariamente... o no.
El conocimiento de nuestra existencia nos lleva a reconocer de manera inmediata, e incluso como intrínseco al existir humano, nuestra voluntad, nuestro querer realizar(nos). Después, infinitamente después, como simple herramienta al servicio de la voluntad, nos permite vislumbrar (con su uso) la razón.
Razón que no puede dar razón de la voluntad, pues ésta le trasciende. Razón que aun así no puede dejar de preguntarse:
¿Seré yo esa voluntad o simplemente soy capaz de conocerla sin participar de ella?
¿Será esa voluntad libre o vendrá determinada por normas externas?
Preguntas al aire que resuenan como eco incapaces de encontrar respuesta. Búsqueda tan incómoda como estéril que provoca la huida hacia adelante, respondiendo y aceptando la respuesta como si de una iluminación (y no como una apuesta) se tratase, y guardando las preguntas en el cajón más remoto de la razón. Su oscuridad no evita su insistencia:
¿Somos voluntariosos? ¿Voluntariamente?
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Etiquetas: existencia, razón, voluntad