... y el mar bordeaba mi silueta menuda. 7 años eran entonces suficientes para adentrarse en un mar dispuesto al juego, rebosante de una espuma de apuestas constantes que reservaba el arrepentimiento a la resaca de los cobardes.
Y ante cada ola, inconsciente, sólo felicidad hallaba en las dos opciones que se presentaban: flotar sobre la cresta soñándome ingrávido, o sumergirme bajo el golpe de agua dejando mi cuerpo tambalearse al compás de la marea...
... pero sólo podía elegir una. Y la angustia pesaba tras cada decisión preguntándome: ¿realmente era esa la mejor opción? ¿Cómo saberlo? ¿Podía realmente buscar esa respuesta dentro de mí? ¿O sería mejor dejar que mi voluntad fluyera como el agua bajo mis pies?
Lo único que mi razón conseguía aclararme es que nadie podría ayudarme... alrededor ni siquiera parecían vivir mis mismas sensaciones...
El mar fue creciendo con los años, y con él las oportunidades, los riesgos y las posibilidades de elección. Mientras, su brisa adornaba las olas con un recuerdo de felicidad y angustia... ¿existirá algún fin que se pueda posar triunfante sobre ellas? ¿Podría mi razón conocer algún deseo al que mi voluntad se entregara por encima de cualquier sueño? Y si realmente pudiera... ¿no debería ello ser común a toda razón?
Tal vez a la razón le toca agachar la cabeza y retirarse fracasada. Pero el mar no cesa su travesía, y sigue tocando decidir. Sólo se vive si se apuesta. El arrepentimiento queda reservado para el que renuncia a jugar. Para todos los demás arrepentirse es no enteder el juego.
miércoles, 31 de octubre de 2007
Buscando un fin sobre las olas
martes, 28 de agosto de 2007
Apuestas esenciales
Y en el principio (del discernir de cada hombre) fue la existencia. Nada hay en nuestro entendimiento que pueda afirmar más que nuestro propio existir y aquello que penda directamente de nuestra existencia (nuestra razón... o nuestros sueños, que, sean o no verdad, forman parte de nuestro ser). Todo lo conocible es sólo el principio. Lo demás sólo puede ser apuesta...
Apuestas razonadas o incoherentes, apuestas elegantes o zafias, apuestas sinceras o puro engaño (autoengaño, siempre autoengaño, pues no son engañables las apuestas)... apuestas que quizá ni siquiera sean nuestras, que quizá únicamente se nos permita conocerlas.
¿Y la esencia? Oculta a la razón, sólo puede ser una apuesta más. Esencia dada o autofabricada, esencia previa o posterior a la existencia, esencia individual o colectiva... no puede ser más que apuesta. Apuesta de la que cuelgan necesariamente el bien y el mal... ¿quién puede no apostar?
No apuestes, y ya habrás apostado...
Publicado por
Iván Moreno
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Etiquetas: apuesta, esencia, existencia