lunes, 26 de mayo de 2008

Moral: universalización, clonación y relativismo

La moral pública, la moral socializable o política para alcanzar su madurez necesita saber diferenciar entre dos grandes ámbitos de la moral propia: la moral individual y la universalizable. Aquello que me exijo a mí, y lo que exijo a los demás.

La búsqueda de imposición de la moral individual se convierte en la búsqueda de la clonación de la propia moral. La moral universalizable y la individual se fusionan llevando a la búsqueda de la imposición moral total. El término totalitarismo nunca se aplicará con tanta autonomía.

Por contra, la ausencia de moral universalizable se convierte en puro relativismo, en pura nada. Nada puedo imponer.. nada que afecte al otro es realmente querido. Y sin el otro, nada soy salvo nada.

La duda entonces se hace tormenta: ¿puedo yo elegir qué parte de mi moral es puramente individual y cuál universalizable? ¿O me viene dado? Y si me viene dado... ¿existe realmente lo moral?

jueves, 8 de mayo de 2008

Razón crítica, única fuente de superioridad moral

En un mundo donde se busca que la moral religiosa quede relegada a un segundo plano como resultado de su supuesta inferioridad ética, se hace imprescindible una exposición sobre la verdadera fuente de la superioridad moral desde un punto de vista racional: la búsqueda crítica de la verdad (al menos, de mi verdad).

El hecho de que la base de nuestra moral sea atea, religiosa o agnóstica, es irrelevante racionalmente en el debate ético, al menos mientras el hecho religioso trascienda a la razón. Pretender hacer creer que la base, en su ámbito espiritual y exclusivamente por su ámbito espiritual, pueda ser más o menos racional no puede así ser más que una falacia.

Cualquier búsqueda de eliminar del debate político los argumentos en función de su base no puede tener una fundamentación última racional, sino meramente volitiva. Obviamente sería un atentado contra la libertad de expresión, aunque también obviamente, quedaría por discutir qué límites puede tener ésta.

Pero entonces: ¿cualquier base ética es igualmente racional independientemente de lo que busque o de sus resultados?

La respuesta solo puede ser una: sí, siempre y cuando la base que uno adopta sea conforme a la voluntad propia. La crítica racional de la moral subjetiva no puede ser más que la comprobación de dicha conformidad entre base ética y voluntad.

Cualquier disconformidad entre voluntad y base evidencia o bien una renuncia moral o bien un error argumentativo (o ambas).

En el primer caso, en el caso de la renuncia moral, la inferioridad moral es manifiesta, ya que el propio hecho de renunciar a la propia moral refleja la consideración de la moral propia como inferior. El valor de la opinión de alguien que desecha su propia moral en un debate racional queda anulado, dado que no puede dar razón última de su adhesión a su base moral. Su voluntad de adhesión queda reducida a la voluntad de terceros y por lo tanto es a ellos a los que toca participar del debate.

Hay que destacar que este tipo de adhesiones no es exclusivo de las religiones sino que afecta a todo cuerpo ideológico.

En el segundo caso, mientras se mantenga una actitud crítica y de desconfianza ante las bases adoptadas, la superioridad nunca será moral, sino puramente racional. La superioridad quedará reducida al ámbito argumentativo, pero eso no es óbice para valorar negativamente la participación del equivocado en el debate público. Salvo que seamos capaces de encontrar la razón perfecta y seamos capaces de realizar la afirmación soberbia de que nuestra razón es infalible.

Creo que es claro que sólo la falta de crítica, la renuncia a nuestra propia voluntad y la adecuación acrítica a un credo ajeno a nuestro sentir inhabilita para el debate político - legislativo. Por el contrario, toda posición crítica tiene, desde el punto de vista meramente argumentativo, el mismo nivel moral. Cuestión aparte es que en el enfrentamiento entre morales sea en ocasiones conveniente limitar la capacidad de intervenir en el debate de una moral frente a otras. Eso sí, siempre teniendo en cuenta de que ya no hablaríamos de neutralidad sino de segragación.

Eso sí, no toda segregación ideológica es negativa. O sí.