martes, 1 de abril de 2008

Imponiendo la moral

El único posicionamiento social moral, responsable, es la búsqueda de imposición de la propia moral.

Lo demás es irresponsabilidad. Es renunciar a la moral. Es pura esclavitud.

lunes, 24 de marzo de 2008

Posibilidad de debate moral

El debate moral suele estar destinado al fracaso. El debate sólo tiene sentido si hay posibilidad de existencia de error lógico de alguno de los contendientes.

Sin embargo, en la mayor parte de los casos la diferencia entre las posturas no viene (o no sólo viene) de un error lógico (que también) sino de una diferencia volitiva: las personas no coinciden en sus deseos finales. Y estos no parten de la razón...

Instintivamente, sin embargo, en el debate, los contendientes tienden a suponer que sus sentimientos, su base última, tiende a ser universal... el rival es víctima de un espejismo.

Realmente, sólo si esto fuera así, tendría sentido un debate final sobre la moral...

De nuevo, sólo la existencia de una voluntad común a todo ser humano podría permitir hablar de un debate moral real, y no de una lucha de esgrima sin espadas.

Pero tal vez el debate moral deba quedar reducido exclusivamente a negar su posibilidad.

De primeras, es la solución más elegante... igual de elegante que buscar imponer la propia moral.

jueves, 28 de febrero de 2008

Siguiendo nuestras propias huellas

Y el camino racional hacia la moral va adentrándose cada vez más en el vacío de la oscuridad. A tientas, en vano buscamos acercarnos a la verdad: Lo que antes era luz, ya sólo es juego ciego.

Perdidos, desorientados, la duda abarca incluso las certezas más arraigadas. Poco a poco las dudas se extienden ocultandolo todo... ¿Hacia dónde caminar? ¿Cuál es el camino? ¿Podemos conocer el camino? ¿Existe realmente un camino?

En la oscuridad del mundo, sólo el autoconocimiento aporta un rayo de luz... aunque tal vez sea sólo un espejismo. Sólo si las huellas del camino viven en nosotros, pues sólo en nuestro interior podemos ver, el caminar tiene sentido.

Nada nos garantiza que las huellas sean válidas, ni que las podamos conocer... ni siquiera que realmente existan.

Pero sólo en nuestras huellas podemos encontrar un camino... solo tiene sentido el camino si podemos encontrar nuestras huellas en él. Huellas que no son más que sentimientos. Sentimientos que son lo único firme a lo que agarrarnos.

Aunque tal vez, nunca dejemos de caer.

lunes, 14 de enero de 2008

Miles de apuestas: una vida

Y ante la intuición de mi consciencia mi deseo se despierta sediento de certezas... Pero el sueño es tan puro que tal vez sea más real que la misma realidad. No hay quien pueda separarlos: Sueño y realidad... realidad y sueño.

Mi razón juega conmigo, como el viento con la espiga seca... mi voluntad sólo puede huir o apostar. Y apuesto...

Apuesto que me lees
y que puedes no leerme...
apuesto que mis manos son mías,
que mis ojos ven lo que miran,
y que lo que miran, es.

Apuesto que mis actos valen
más de lo que puedo valorar mis actos
y que el más hondo querer es libre...
si quiero.

Apuesto que más no es menos,
que todo no lo es todo,
y que no soy lo primero...
aunque pueda ser inicio.

Apuesto que apuesto por vivir
y no por apostar,
y que mi vida vive
más allá de toda muerte.

Apuesto que no soy sólo nada,
ni siquiera sólo todo.
Apuesto que yo soy sólo yo.

No me dejes dejar de apostar...

martes, 8 de enero de 2008

La libre decisión: garantía de ser

No hay nada en nuestra experiencia que nos permita afirmar la existencia de una causa original sin causa.

Pero sólo existe el yo, como ser moral, como ser que actúa, si soy a su vez causa sin causa. Si nuestro actuar se rige en última instancia por nuestro libre albedrío.

Nuestras decisiones, sin nuestro libre albedrío, son como un guión de una película que nosotros no escribimos. Si fuera así, ojalá que me haya tocado un gran guión, pues ni siquiera podría elegir dejar de ver la película.

A lo mejor algo lo elige por mí...

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Posibilidad del bien objetivo

Sólo la existencia de fines universales y enternos para todo ser racional puede dar lugar a bienes objetivos.

A partir de semejante afirmación, la pregunta es inmediata: ¿de qué manera puede darse un fin como necesario para cualquier ser racional independientemente de cualquier otra consideración?

Desde la razón, sólo una respuesta cabe a esta pregunta:

Los fines universales sólo tienen sentido si existe un orden previo del que participa todo ser racional y que proporciona un fin común a toda razón. Fin necesariamente superior a cualquier otro fin. Un paraíso al que tender irremediablemente, de adquirir la experiencia y autoconocimiento suficiente para valorarlo en su justa medida.

Sólo la existencia de una esencia, una naturaleza de la que participe todo ser racional puede llevarnos a afirmar la existencia de fines universales.

Pero, ¿de dónde podría provenir, de existir, esa esencia? ¿De dónde nacería tal orden?

Aparentemente sólo dos respuestas caben, aceptando como hipótesis la existencia de un fin universal:

1.- El orden es lo primero que existe.
2.- El orden fue creado por un ser que queda más allá de toda razón.

pero pronto nos damos cuenta de que sólo una es válida:

Racionalmente el segundo punto se hunde en sí mismo, ya que de existir un ser que no quede afectado por el orden, deja de tener sentido racionalmente la existencia de un fin universal. Podría tener sentido la existencia de un fin común para todas sus creaciones (por ejemplo un paraíso por él mismo inventado para cada ser humano), pero ese fin, ante la razón, nunca podría ser más que una posibilidad más ante la observación de la propia existencia del creador. La razón nunca aceptará quedar atado a leyes que no todos tienen por qué cumplir... no podrá aguantar no comer la manzana que el creador no tiene prohibida comer. La sumisión sí podría atarse a dichas leyes... pero la sumisión es completamente independiente de la razón.

Así, de existir un creador, sólo si éste está atado a un orden previo del que participe junto con todas sus creaciones, podrá hablarse de la posible existencia de un fin universal.

Todo queda resumido, por lo tanto, en el punto primero:

Sólo tiene sentido hablar de bien universal, si existe un orden previo que proporciona a cada ser racional de la naturaleza un fin común.

En cualquier otro caso, con o sin creador, con o sin una naturaleza evolutiva común en los seres racionales, los bienes, junto con los fines, serán siempre exclusivamente subjetivos. Esto sería así incluso en el caso paradójico de que coincidan los fines de todos los seres.

Sólo queda destacar que el hecho de que los fines sean subjetivos no quiere decir que no sean defendibles... pero esa sería otra batalla.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sobre la universalidad de los fines

Detrás de fines subjetivos, sólo ética subjetiva puede hallarse. La razón, por sí sola, no puede más que certificar dicha realidad.

Pero tampoco nada en la razón puede concluir que la subjetividad sea dueña de todos y cada uno de nuestros deseos. ¿Algo impide que nuestra naturaleza, nuestro origen, nos otorgue a todos los participantes de este extraño mundo una finalidad común?

La existencia del bien objetivo, más allá de la razón, se convierte de nuevo en apuesta. Apuesta que, a lo mejor, es menos relevante de lo que nuestro instinto desea.